Los Casinos y Juegos de azar y el ejemplo de Alberto Devoto

Monseñor Alberto Devoto advirtió hace 40 años lo que recién  hoy preocupa a  la Iglesia

 

Hace mas o menos cuarenta años, Alberto Devoto explicaba a su Consejo Diocesano de Pastoral formado por mayoría de Laicos (es decir civiles que no eran curas ni monjas) que los juegos de azar eran una contradicción con la promoción de la cultura del trabajo, ya que necesitaban indefectiblemente apelar a las expectativas de cambiar de vida mágicamente (por obra del Azar) en lugar de aspirar a un estilo de vida basado en el sano esfuerzo personal, con ambiciones y expectativas adecuadas a las verdaderas posibilidades de cada uno.

Consecuente con esa preocupación, prohibió los juegos de azar y las Kermeses en las parroquias, como forma de recaudar fondos.

…”Si existen cristianos que quieren aportar al sostenimiento económico de la Iglesia, que lo hagan con su propio trabajo”… decía y no especulando con la necesidad y la conciencia magica de los mas humildes.

Fue así que los templos de su diócesis y las obras dejaron de ser monumentales y para celebrar las Fiestas Patronales se comenzaron a buscar otros tipos de festejos como los festivales o los almuerzos familiares (sin Juegos de azar). Para recaudar fondos se ponía esfuerzo propio, empanadas, comidas, ferias de platos y hasta bonos contribución fueron aceptados, pero no con premios.

 

Tuvimos que ver la proliferación de casinos en toda nuestra geografía, con técnicas de despersonalización tan avanzadas como la permanente “noche” y la consiguiente perdida del sentido del tiempo lograda en sus locales y tuvimos que ver que casinos como el de Goya (que paradójicamente se instaló enfrente de la casa que Alberto Devoto había destinado a la formación de jóvenes) que lograron su habilitación prometiendo desarrollo para la localidad y que hoy a modo de esponja se lleva el 40% (cuarenta por ciento) de la masa salarial de la ciudad aportada por los sectores mas pobres. (ver aportes de las asociaciones de Jugadores empedernidos).

Tuvimos que llegar alextremo de ver todas las noches personas de todos los niveles sociales perdiendo sueldos completos para que el episcopado argentino hable del tema.

Cuanto tiempo tendrá que pasar para que los obispos argentinos tomen acciones concretas de la magnitud de las de Alberto Devoto, parsa empezar a evangelizar con el testimonio y no con el  poder del sometimiento. Apelar a la fuerza, la ley y el dinero del estado o al poder del testimonio y la adhesión personal de los cristianos es el desafío, el báculo de oro o el báculo de palo…

Alberto Devoto ya nos mostró el camino pero a muchos les da miedo salir “sin bolsas y sin alforja”…

 

Llamado de los obispos ante el avance del juego
Buenos Aires, 20 Dic. 10 (AICA): “Los obispos de la Argentina hemos querido dedicar el año 2011 a resaltar el valor de la vida humana y su dignidad inviolable. Todo lo que agreda o limite la dignidad de la vida personal y social es un obstáculo en el camino de plenitud al cual estamos llamados. Uno de los valores fundamentales para ello es la libertad, tan apreciada por nuestra sociedad. Anhelamos ser libres de toda atadura. Por eso hoy queremos expresar nuestra inquietud y dolor por un flagelo creciente para muchas familias: la adicción al juego de azar”. Así lo expresa un mensaje difundido al término de la 157ª reunión de la Comisión Permanente del Episcopado titulado: “El juego se torna peligroso”.

     Entre otras cosas, los pastores advierten que se trata de “una oferta que crece y enriquece a unos pocos” y consideran que “es importante hablar sin eufemismos. El juego de azar es un negocio que mueve gran cantidad de dinero para beneficio de unos pocos en detrimento de muchos, especialmente de los más pobres. Sabemos también de la vinculación de esta actividad con el lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas, armas, personas. La problemática es vasta y compleja.

     Por otro lado, ante “las graves consecuencias personales, familiares y sociales del juego”, sostienen que “el Estado debe garantizar la protección integral de la familia” porque “quien se apasiona en el juego puede arriesgar y perder aquello que pertenece también a su cónyuge y sus hijos. Es una acción que daña la comunión familiar”.

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